En torno al mundo del fútbol gira una enorme masa social y periodística que analiza al detalle todas las jugadas polémicas de cada partido, los aficionados se sienten engañados por los errores arbitrales y se montan conspiraciones propias de Roswell. Históricamente el fútbol no ha abrazado mucho la tecnología pero los últimos movimientos apuntan a que habrá una revolución al respecto. Corría el año 2012 cuando la FIFA anunció la aprobación del ojo de halcón y el chip inteligente para terminar con los goles fantasma, el ojo de halcón es un un sistema informático para seguir la trayectoria de la bola que se usa en el tenis desde el año 2006.
El Mundial de Brasil 2014 será recordado en la historia como el primero en donde se utilizó la tecnología para determinar situaciones de gol o no. Lo que pasó en el 2010 en Sudáfrica con el gol de Lampard para Inglaterra que al final no fue dado por bueno ante Inglaterra fue la gota que derramó el vaso y obligó a la FIFA a tomar medidas.El fútbol necesita la tecnología. La FIFA lo sabe y por eso ha acabado cediendo para incorporar un sistema para evitar los goles fantasma. Un éxito, visto lo ocurrido en el partido entre Francia y Honduras. El gol de Benzema pasará a la historia y los inventores se frotan las manos con la publicidad que le puede dar el tanto galo.
Años antes, la tecnología ya se había preocupado de la comunicación entre los jueces de línea y el árbitro principal. Para que el juego fuese más rápido, se conectaron los banderines de los asistentes con el colegiado, al que le vibraba el brazo cuando los linieres detectaban cualquier incidencia. Apretando un simple botón, los asistentes le decían al árbitro que pasaba algo. Otras mejoras han ido encaminadas a los espectadores más que al terreno de juego. En 2004, se empezaron a usar los carteles electrónicos no solo para señalizar los cambios sino también para indicar el tiempo de descuento. Hasta entonces, el árbitro no tenía la obligación de indicar la prolongación y mantenía al público en ascuas.
Ocurría lo mismo con las tarjetas antes del Mundial de México 70. La FIFA inventó un sistema para que los
espectadores se enteraran de cuándo era amonestado y cuándo expulsado un jugador. Dos colores –el amarillo y el rojo que agradecieron unos árbitros que hasta entonces tenían que gritar cuando tomaban las decisiones.
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